La agarra del cuello y empieza a follarla ahí mismo, sin aviso. Es una chica con un cuerpo tremendo, esas tetas grandes no paran de moverse. Cada vez que él se hunde dentro de ella, todo su pecho salta. Ella intenta respirar, pero él la jala hacia atrás y sigue dándole como si fuera suyo. Tiene las manos clavadas en la mesa del comedor, aguantando el ritmo. Después la pone a horcajadas sobre una silla, apoyada en la tabla de planchar. Desde ahí le da por detrás, rápido y duro, sin parar. Las nalgas chocan contra él una y otra vez. El final es brutal: una corrida tan grande que le chorrea por la barbilla y le cae encima del pecho. Ella ya está demasiado hecha polvo para reaccionar.
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