Esta rubia estaba toda aceitada, provocándolo como si no hubiera nadie más en la casa. Así que él se la folló hasta que olvidó su propio nombre. Le encantó cada segundo. Los ojos se le iban para atrás y gemía su nombre. La puso boca arriba sobre la mesa de masajes y le metió los dedos hasta que empezó a hacer sonidos que ni ella sabía que podía hacer. Estaba empapada cuando él la volteó boca abajo en el sofá. Al final, tenía corrida chorreando del coño y ella solo quedó ahí tirada, mirando al techo sin poder moverse.
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