Empieza llevando solo un tanga diminuto, eso es todo. El tío no pierde el tiempo. Agarra la fina tela de su hilo dental y la usa para atarle las manos a la espalda ahí mismo. No es suave, es una humillación bruta desde el primer momento. Con los brazos atados por su propia ropa interior, está totalmente expuesta. La empuja con la cara hacia abajo, culo arriba. Insulta todo el rato, llamándola zorra desesperada que necesita esto. Cada palabra está pensada para degradar. El ritmo es cruel, sin calentamiento. Le da unas nalgadas duras, dejando marcas rojas en su piel pálida. Ella gime pero se empuja contra él, pidiendo más. El tanga se le clava en las muñecas, dejando marcas ahí también. Se la folla como si fuera solo un agujero para su uso. Primero a cuatro patas, duro y profundo para que sienta cada centímetro... Luego la voltea sobre la espalda, le agarra las piernas bien abiertas y sigue metiéndosela sin parar mientras le dice lo poco que vale.
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