La llevaba tiempo mirando, esa milf madura. Cuando por fin la tuvo sola, no dudó ni un segundo. La folló hasta que olvidó dónde estaba. La levantó y la abrió contra la pared. Su cara no podía soportarlo. Se mordió el labio tan fuerte que casi sangra. Le subió una pierna al lavabo y la estiró hasta ver las estrellas, hasta que ella tuvo que taparse la cara con una almohada para ahogar los gritos. Cada vez que creía que había acabado, él le daba la vuelta y seguía, sin parar, a través de dos ruidosas quejas de los vecinos.
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